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lunes, noviembre 28, 2011

Qué trabajo!

Que trabajo! Yo, modestamente, trato de analizar, discutir y , eventualmente, rebatir las propuestas del pensamiento unico anticapitalista, antiliberal, nacionalista y "populista". Es mucho trabajo! Hoy mismo, por ejemplo, tendría que leer y analizar el articulo de opinión de Clarin, firmado por Ulrich Beck, e intitulado "La democracia no puede quedar sometida a una economia salvaje", cuyo largo titulo ya lo dice todo. Habrá que leerlo. Hoy mismo hay noticias sobre un Instituto de Historia Revisionista que impulsa el Gobierno: con fondos públicos escucharemos, una vez más, que Sarmiento era un represor, Alberdi un liberal insoportable, Roca un genocida y Rosas, todo lo contrario.Figurita repetida desde Palacio, Rosa, etc. A veces me da ganas de largar todo y dedicarme a leer a Borges y escribir mis agustias personales.
El Instituto se llama "Instituto Nacional de Doctrina Histórica" . Un título...fascistón no? Eso de "Doctrina", ¿que tiene que ver con la investigación de la Historia, objetiva y científica? Nada. No se trata de investigar, sino de de inculcar "Doctrina Nacional" , a la manera de los fascismos y los comunismos. La Historia es, para ellos, una rama más de la política, un campo donde el pensamiento "nacional" debe librar batallas contra el pensamiento "oligarquico" . Un lugar en el que desarrollar la  "Batalla Cultural" que desde 2009 el Kirchnerismo se ha planteado como estrategia. Lo primero que hizo Kirchner, a los pocos días de perder las elecciones de 2009 fue reunirse con los intelectuales orgánicos de "Carta Abierta" para plantear cómo construir un nuevo discurso, que logre convencer a los electores. A partir de allí comenzó la ofensiva cultural, que incluyó nuevos medios de comunicación, programas como 678, ofensiva contra el Grupo Clarin, un Telam para "perdiodistas militantes", la gran fiesta del Bicentenario, Tecnópolis, etc. No le ha ido mal. Están entusiasmados y dispuestos a "ir por todo", incluyendo la verdad, esa elusiva realidad. Usaran la Historia, una vez más, como campo de argumentación política, no como fuente de verdades- relativas, pero verdades al fin- para entender nuestra identidad.

miércoles, noviembre 23, 2011

Clarisima entrevista a Juan Ramón Rallo y Carlos Rodríguez Brown

Ambos acaban de escribir "El liberalismo no es pecado" (en referencia a un viejo escrito de un cura español en el que afirmaba "El liberalismo es pecado"...

http://www.youtube.com/watch?v=nlukTn6wOCQ&feature=player_embedded

martes, noviembre 22, 2011

Pan para Todos




Los planes gubernamentales de repartir bienes “sin costo”, gratis, para el pueblo no son nuevos. En general, se basan en la simple idea de que a algunos le sobra y a otros les falta y que el papel del Estado es quitar lo que sobra y repartirlo a los que no tienen. Simple. Pero la realidad no es tan simple.
Un caso monstruoso de aplicación de este simple plan ocurrió en la URSS, en dos ocasiones. Durante el gobierno de Lenin se decidió requisar la producción de grano excedente a los campesinos para repartirlo gratuitamente entre los obreros. Con Stalin se procedió directamente a confiscar la tierra de los campesinos ( la “liquidación de los kulaks” se la llamó) y repartirla en grandes granjas colectivas que emplearían a los campesinos como asalariados.
El intento de Lenin costó cinco millones de muertos y el de Stalin, siete.
Años después, Mao intentó el mismo procedimiento- El Gran Salto Adelante- y obtuvo unos 30 millones de campesinos muertos por la hambruna resultante.
No es simple maldad: es profundo desconocimiento de leyes básicas de la economía sumado a la persistencia en error, la falta de planes alternativos y, además, el uso de la represión a los “enemigos del pueblo”, los campesinos que se niegan a entregar el grano, con millones de muertos en el Gulag soviético o chino.
La fallida experiencia de Lenin culminó con la Nueva Política Económica, una tímida vuelta atrás, legalizando el mercado. Los campesinos superaron así el hambre y el trigo fluyó a las ciudades. Rusia salió del estado catatónico y revivió. Pero por poco tiempo. A los pocos años Stalin volvió a la carga y esta vez no hubo vuelta atrás. Siete millones de muertos y una agricultura que jamás alimentó plenamente a la población urbana. Hubo nuevas hambrunas a fines de los cuarenta en la URSS.
Ya la Revolución Francesa había apelado a la misma política cuando dispuso el congelamiento del precio del pan, lo cual trajo aparejado que los campesinos plantaran menos trigo, hubiera creciente escasez (precio barato y poca oferta es sinónimo de desabastecimiento) que los Sans Coulottes quisieron resolver revisando granjas en busca de un supuesto grano escondido. El resultado fue también muerte y destrucción de instalaciones.
Pero los “revolucionarios” no aprenden de esas experiencias y siempre caen en el mismo pozo, pisan la  misma piedra. No es casual.
Es su ideología la que los lleva a ignorar leyes humanas permanentes.
Descreen de la economía, solo creen en la política aplicada por un “poder popular”  todopoderoso. Con la política creen revertir las escaseces que ellos mismos han provocado. Al no lograrlo, reprimen, encarcelan, fusilan, aterran a los productores, con lo cual agravan aún más el problema. Del control de precios pasan a la requisa y de allí a la estatización lisa y llana de la propiedad agraria, de cualquier tamaño: desde pequeñas producciones familiares a empresas agrarias. Y a los que se resisten, muerte.
Esa fórmula de fondo, almibarada con los toques modernos de “consenso”, “inclusión” y “redistribución” se sigue aplicando sin, obviamente, un Gulag detrás. Pero la cara de perro de los funcionarios encargados de los aprietes a los productores (sean estos chacareros, industriales, comerciantes o banqueros) es solo una cuestión de grado. Del asesinato se pasa a la intimidación y la extorsión. Pero es evidente que si pudieran, si vivieran en una realidad más primitiva y básica, apelarían a los viejos métodos de las dictaduras. En eso estamos.

jueves, noviembre 17, 2011

El mito de Lenin bueno y Stalin malo

 
El mito de Lenin bueno y Stalin malo

La intelligentsia occidental, aterrada por la brutalidad inocultable del estalinismo, se refugió en Lenin, creando el mito de que el hijo Stalin traicionó el legado del Padre Lenin.
Como si Ulianov hubiera sido un pacífico idealista, obsesionado por liberar al pueblo, se negaron reiteradamente las pruebas de la maldad de Lenin.
Maldad en el sentido bíblico del término, o sea absoluto. La “maldad relativa”, siempre explicada por un “contexto” adverso que “obliga” al líder a tomar decisiones duras, que en fondo rechaza, es solo un estratagema retórico.
Hubo maldad absoluta en Lenin al crear y fortalecer a la Cheka como órgano supremo de Estado, autorizado para matar, tomar rehenes, torturar a cuantos calificaba como “enemigos del Estado”, sean estos burgueses, pequeños campesinos, adolescentes, curas, o huelguistas. Y decir, frente a las críticas internas de los militantes aterrados por la brutalidad de la Cheka:”Un buen comunista es un buen chekista”
Hubo maldad absoluta en Lenin al crear, décadas antes de Hitler, campos de concentración para “indeseables”, término que podía incluir a cosacos, tártaros, mencheviques, eseristas o musulmanes.
Hubo maldad absoluta en Lenin al declarar la “Guerra por el grano”, destinada a alimentar a las masas urbanas requisando- esto es, robando- las cosechas a los campesinos. Éstos de rebelaban, con la consiguiente represión sangrienta a cargo de la Cheka y el Ejército Rojo.
Hubo maldad absoluta cuando no quiso reconocer que las requisas provocaron millones de muertos de hambre y solo hacia el final de su vida, dio marcha atrás y abrió los mercados  para que los campesinos obtuvieran algo por su grano. Cinco millones de muertos tardó en reconocer su error (Mao tardó 30 millones, Stalin 7 millones…)
Hubo maldad absoluta en Lenin cuando, con el grano requisado armó un sistema de reparto “selectivo” que favorecía primero a los miembros del Partido, después a los soldados del Ejército Rojo, luego a los obreros de sectores estratégicos como el transporte y por ultimo, migajas, repartidas al resto de la “clases” (él , que supuestamente quería “abolir las clases”)
Hubo maldad absoluta en Lenin cuando, en una ocasión en que recibía un informe sobre prisioneros entregado por el jefe de la Cheka, tildó una frase donde se decía que había un  grupo de 1500 presos, los cuales fueron ejecutados al otro día. Se trató de un error: solo quería indicar que se daba por enterado. Pero no destituyó a ese jefe, no lo castigó, no pidió perdón por su error, un mero error del Dios de la Revolución que costó 1500 vidas.
Hubo maldad absoluta en Lenin cuando le declaró la guerra a la Iglesia y escribió “ He llegado a la inequívoca conclusión de que ahora tenemos que llevar a cabo la guerra más decisiva y despiadada contra el Clero de los Cien Negros y suprimir su resistencia con tal crueldad que no la olvidarán en las próximas décadas. Cuantos más miembros de la burguesía reaccionaria clerical lleguemos a fusilar, mejor”.  Ocho mil sacerdotes fueron fusilados, diez mil encarcelados.
Hubo maldad absoluta en Lenin cuando reprimió a los marineros amotinados en Kronstadt, apoyados por la población entera, con el resultado de decenas de miles de asesinados.
 No fue Lenin un padre traicionado por su hijo, sino un padre que le enseñó a su hijo a cometer, sin culpas, los peores crímenes en nombre de la Revolución.

jueves, noviembre 10, 2011

20 años no es nada


En noviembre de 1991, ayer nomás, cayó la Unión Soviética. Como dice Jorge Sigal, a quien acabo de escuchar en TV, cayó sin disparar un solo tiro, cayó por su propio peso, se desmontó como la escenografía de cartón de una película Clase B, con misiles de mentira y generales de opereta. Cayó sin dar explicaciones, como si hasta sus propios seguidores, que eran legión- y cito nuevamente a Sigal- e iban desde Picasso o Neruda hasta centenares de miles de líderes sindicales, universitarios, intelectuales, periodistas se hubieran quedado sin armas, ni siquiera las retóricas, esas que sabían manejar tan bien. ¿Alguien recuerda que dijo Fidel Castro al respecto? ¿Habrá acusado a la CIA? No lo recuerdo. Seguramente no se dio por enterado y siguió adelante con su propio estalinismo a la cubana. ¿Que dijo mi primo o a aquel amigo de la familia que brindaba siempre por la Revolución?¿ Que dije yo mismo? No escribí nada, en esa época, desgraciadamente, aun no había aprendido que no se puede pensar si no se escribe. Recuerdo, eso sí, que estuve muy contento, que grabé el video la caída del Muro de Berlín. Lo que si pensé y en algún lugar escribí años después es que con el fin del Comunismo se terminaba la lucha entre “valores universales” (igualdad, socialismo, libertad, democracia) y comenzaría la lucha entre “valores locales”: naciones, religiones. No me equivoqué ya que lo escribí antes de las guerras balcánicas y antes del resurgimiento del islamismo global. Se terminaba la confrontación global por “grandes ideas” y comenzaba una fragmentación del conflicto, reducido a términos más elementales como etnias, patrias o creencias.
Todos los comunistas miraron al costado. Nadie se dio por aludido. Nadie nos explicó que había pasado, nadie explicó algo tan reciente como la invasión a Afganistán y su millón de asesinados. En la década del 80 un millón de afganos fueron masacrados por el Ejército Rojo: tanta gente como la que masacró EEUU en Vietnam, pero algo infinitamente menos publicitado que esa guerra de Indochina.  Nadie se autocriticó, pidió disculpas, se arrepintió. Nadie se vio en la obligación de explicar los cien millones de muertos por culpa del Comunismo: más había matado el Capitalismo, decían.
El mundo nunca pudo así saldar la experiencia soviética. Enseguida comenzó la critica al “fin de las ideologías”, al “neoliberalismo”, como si antes de criticar a este “sistema” no fuera preciso explicar al “otro sistema” y su patético final.
Nos quedamos así sin las sabias reflexiones de miles de intelectuales que explicaban hasta el hartazgo los defectos de las democracias. No escuchamos a Chomsky, ni a Derrida, ni a Galeano explicar semejante acontecimiento. Callaron, como gritan aun hoy por cada error, falla o crisis del imperfecto sistema capitalista. En vez de retirarse a reflexionar y salir fortalecidos mediante alguna catarsis, metieron violín en bolsa y siguieron como si nada hubiera pasado.
Septiembre de 2011 los volvió a encender y ahí se lanzaron en jauría a demostrar que ese horror no era más que la devolución del horror que el capitalismo había impuesto a las multitudes del tercer mundo. Punto. Hasta allí llegó su aporte.
Estamos huérfanos de ideas mientras el mundo observa los experimentos enloquecidos cobijados por consignas tales como “socialismo del siglo XXI”, “Islamismo mundial” o “Calentamiento Global”. Ahora “indignados” o estudiantes que piden todo gratis llenan las primeras planas. Y seguimos sin entender nada. Nadie que explique el presente, explicando el pasado.
Veinte años no es nada.




lunes, noviembre 07, 2011

La verdad

La función de la Filosofía es definir el problema de la verdad del discurso.
Casi una contradicción. El discurso es una exposición orientada a definir la verdad del enunciante, a defender sus posturas, acciones, propuestas, planes, explicaciones, negaciones o distorsiones.
Casi por definición un discurso es lo opuesto a la verdad.
El problema es que tiene la “apariencia” de verdad. Un brillante discurso es aquel que miente sin que sea evidente, que convence con datos falsos o distorsionados, que incita a la acción coactiva bajo la apariencia de acción libre.

Escribe Popper:

"En su función descriptiva, podemos hablar del lenguaje como un vehículo de la verdad; pero lógicamente también puede transformarse en un vehículo de la mentira. Sin una tradición que actúe en contra de esta ambivalencia y en favor del uso del lenguaje con el objetivo de la descripción correcta (al menos en los casos donde no existe un fuerte estímulo a la mentira), se acabaría la función descriptiva del lenguaje; los niños no aprenderían nunca su uso descriptivo.

"Aún más valiosa es tal vez la tradición que actúa en contra de la ambivalencia relacionada con la función argumentativa del lenguaje, aquella tradición que actúa contra ese abuso del lenguaje que lleva a los pseudoargumentos y la propaganda. Esta es la tradición y la disciplina del hablar y pensar con claridad; es la tradición crítica, la tradición de la razón,

Los enemigos modernos de la razón quieren destruir esta tradición. Quieren hacerlo destruyendo y corrompiendo la función argumentativa e incluso descriptiva del lenguaje humano mediante una regresión romántica a sus funciones emotivas, expresivas (se habla mucho de la autoexpresión) y, tal vez, estimulativas o indicativas. Notamos con claridad esta tendencia en cierto tipo de poesía, prosa y filosofía moderna —en una filosofía que no argumenta, porque se aboca a problemas susceptibles de argumentación—. Los nuevos enemigos de la razón son a veces antitradicionalistas que buscan nuevas e impresionantes formas de autoexpresión o de "comunicación" y, a veces, tradicionalistas que ensalzan la sabiduría de la tradición lingüística ."


Los “nuevos antirracionalistas” se basan en destruir la función descriptiva del lenguaje negando las “verdades” que surgen de la mera observación de los hechos. Por ejemplo, que en Argentina hay inflación, o que la gente se refugia en el dólar para preservar el valor de su dinero. La primera táctica de los irracionalistas es negar el hecho, afirmar que “no hay inflación”, simplemente. Esto obliga al “racionalista” a tener que perder tiempo en demostrar lo obvio, que los precios crecen año a año en determinada proporción, que podrá discutirse la confección de un Indice de Precios, pero que mi canasta de supermercado pasó de 200 a 300 pesos en un año es un “observable” que no tiene discusión posible.

Luego operan sobre la función “argumentativa” del lenguaje, generando innumerables variantes de la “batalla cultural”, que no es otra cosa que disfrazar la verdad con mentiras. La inflación como resultado de una “conspiración” es la más habitual de las tretas argumentativas. Se usa desde el Edicto de Dioclesiano sobre precios congelados. En general, se basan en la idea de que no hay leyes objetivas, sino que toda la vida social es un escenario político, una arena donde el “pueblo” se enfrenta al “enemigo del pueblo”. La Economía deja de ser una realidad autónoma, que puede ser comprendida con herramientas científicas y se transforma en un mero sujeto pasivo de las “políticas”: los “buenos” tratando de congelar precios y los “malos” tratando de robar al pueblo incrementando los precios.
Por último, como señala Popper, los antirracionalistas retrotraen el discurso a su función “expresiva”, emocional y estimulativa. La “comunicación” emocional toma el volante y el discurso se centra en palabras de fuerte carga emocional. Él, el “modelo”, el pueblo, la Patria, la lucha contra los poderosos, etc. encabezan entonces la enunciación del discurso. Desaparece la función descriptiva y argumentativa del lenguaje y solo queda la Retórica, esa cáscara vacía.

viernes, noviembre 04, 2011

Las mentiras soviéticas



Las principales consignas bolcheviques de 1917 eran “pan, paz, tierra y libertad”, y “Todo el poder a los Soviets”.Ya en el poder no cumplieron ninguna de esas metas.

-         El poder a los Soviets fue la cobertura de un putsch  contra el Soviet, ejecutado en octubre de 1917. Los bolcheviques eran minoría en el Soviet de Petrogrado y no tuvieron prejuicios a la hora de desarticularlo, declararlo ilegal y perseguir a sus contrincantes mencheviques y eseristas. Lo primero fue cerrar la Asamblea de los Soviets, celebrada el 25 de octubre, para “proteger al Soviet del Gobierno Provisional”.
-         Paz. Los bolcheviques forzaron la paz con Alemania pero buscaron y lograron desatar una Guerra Civil, no solo contra los Blancos- muchos de ellos zaristas- sino, sobre todo, contra los “verdes”: los campesinos que se sublevaban por la política de requisa de cosechas del gobierno bolchevique
-         Pan. Jamás hubo tanto hambre en Rusia como entre 1917 y 1922. Las ciudades no obtenían suministros por la desarticulación del sistema de transporte y , sobre todo, las requisas forzosas a los campesinos generaron el Hambre de 1920, con cinco millones de víctimas. La gente en las ciudades comía guiso de caballo, y se organizaban cacerías de perros, gatos y otras mascotas.
-     Tierra. Si bien los bolcheviques aprobaron la reforma agrarria que permitia a los campesinos acceder a la tierra de los antiguos terratenientes, ansiaban la colectivizacion de los campos. Primero procedieron a la requisa indiscriminada: los campèsinos eran dueños de la tierra pero no de su producción. Resultado: rebeliones campesinas, represion, hambre. Años despues, con Stalin, cumplieron el viejo sueño de expropiar a los campesinos y crearon los ineficientes koljoses, granjas colectivas donde nadie poseía nada. Resultado: jamas la URSS tuvo resuelta su cosecha de grano y siempre sobrevoló el fantasma de la hambruna.
-         Libertad. Se cerraron los periódicos de la oposición de izquierdas, se militarizó a la clase obrera, terminaron con la experiencia de control obrero al nacionalizar las industrias, persiguieron a burgueses, kulaks, obreros, campesinos, anarquistas, mencheviques, eseristas, liberales, intelectuales. Se creó la Cheka, un estado dentro del estado que llegó a contar con más de doscientos mil funcionarios que ejecutaron represión -tortura, ejecuciones- a más de doscientos mil rusos: más víctimas que la Guerra Civil. Se torturaba metiendo a la gente en agua hirviendo, atándole cajas con ratas en el interior, se violaba, se encarcelaba a niños, se ponía de rehenes a familias de supuestos contrarrevolucionarios , burgueses o kulaks. Se fusiló a huelguistas obreros o a campesinos rebelados.

A pesar de este desastre humanitario, la intelectualidad de Occidente apoyó la experiencia bolchevique, minimizó los crímenes, culpó a los Blancos por la guerra contrarrevolucionaria, disculpo a Lenin por su obsesión militarista y represiva y ayudó a construir el Mito Soviético: una Revolución que logra sobrevivir a sus enemigos y construir el socialismo en un solo país.
Aun sufrimos las consecuencias de ese Mito.

miércoles, noviembre 02, 2011

martes, noviembre 01, 2011

El mundo sobre los pies



El liberalismo, sea el clásico de Benjamin Constant o el moderno de Mises  o Hayek pone al mundo de pie. Será por eso que es tan resistido. Algunos ejemplos:

-         Los “colectivos” (naciones, clases, grupos) no toman decisiones; la decisión es un fenómeno individual. Por eso la historia y la economía deben estudiarse partiendo de la comprensión de la decisión de los individuos
-         El dinero, el lenguaje, la moral, las instituciones naturales no son creadas por una ley de las autoridades o por un “contrato social”: son un producto de la larga evolución humana, no un acto planeado y conciente.
-         La Civilización es la imposición de límites a los deseos humanos. La moral no es un manual de buenas costumbres escrito por los poderosos, sino el armazón a partir del cual se puede desarrollar la cooperación humana
-         No existen tantas lógicas como razas o clases: no hay una “lógica burguesa” o una “lógica judía”. El Hombre es Uno, hay una sola verdad posible, no infinitas y caprichosas “verdades relativas”
-         Las Utopías niegan el bagaje de la historia y se proponen construir el mundo ideal desde cero. Han fracasado y continuarán fracasando.
-         La libertad es la única garantía del progreso, porque no hay innovación sin libertad
-         El problema no es quien está en el Poder, sino el Poder mismo.
-         Los derechos individuales son previos a la sociedad: ninguna ley  puede abrogar derechos individuales bajo pretextos: las leyes están para proteger la libertad de elección, no para sacarles a unos para darles a otros.
-         Las “fuerzas productivas” solo pueden desarrollarse liberándolas de las restricciones, impuestos, regulaciones, limitaciones, prohibiciones, peajes, leyes, decretos.
-         Los sueldos en una economía libre tienden a la suba: los empresarios querrán tentar a la mano de obra más calificada y por lo tanto, más cara. Solo en el esclavismo y el estatismo la mano de obra es despreciada.
-         Las burbujas financieras y las crisis de confianza no las crean los mercados libres, sino los gobiernos queriendo manipular la emisión monetaria, el crédito y las tasas de interés.
-         El libre comercio necesita paz. Los mercados no se “conquistan” con cañones sino con calidad y precios.
-         Se necesitan cada vez más empresarios-emprendedores y menos empresarios- amigos del Gobierno. Ganar con innovación, precio y calidad y no gracias a la protección del funcionario amigo
-         Los monopolios son generalmente apañados por los gobiernos. La libre competencia es la mejor garantía contra el monopolio.

Artículo de Rodolfo Pandolf sobre medios y poder


Los diarios y el poder
                                                                                                            Escribe Rodolfo Pandolfi

Un dato curioso es que la clausura de diarios, revistas, radioemisoras y estaciones de televisión no se realizó casi nunca invocando desde el primer momento razones ideológicas. El cierre de la revista Qué como castigo por publicar en su tapa la fotografía de una actriz entonces prohibida, Libertad Lamarque, tuvo su origen en razones estrictamente personales pero se invocaron cuestiones relativas al sistema de distribución del medio.
El semanario “La Vanguardia”, fundado por Juan B Justo, era el órgano oficial del Partido Socialista y fue clausurado definitivamente el 27 de agosto de 1947, a las 11:20 de la mañana, con el argumento que la carga de ejemplares en los camiones producía un ruido que molestaba a los vecinos. El local donde se editaba, ya cerrado definitivamente, fue incendiado cinco años después, o sea en 1952. Se impidió la venta de semanarios católicos opositores como “Estrada” y  se castigó también al diario alemán “Argentinisches Tageblatt”.
En este último caso, la sanción consistió en obligarlo a aparecer con solamente cuatro páginas  mediante el argumento que era necesario ahorrar papel. En ese tiempo también se prohibieron numerosos libros como “El Muro” del filósofo francés Jean Paul Sartre aduciendo que contenía relatos pornográficos. Esos relatos se incluirían hoy en cuentos para niños. Fueron castigadas numerosas publicaciones económicas como el “Economic Survey” y “La Semana Financiera”.
Una época muy dura para los medios fue  1950, al cumplirse el centenario de la muerte del general José de San Martín. Por omitir mencionar al prócer fueron cerradas las publicaciones comunistas “La Hora” y “Orientación”, pese a que esta última había dedicado un  suplemento completo al aniversario. La omisión, verdadera o falsa, del nombre del libertador costó la vida a más de ciento cincuenta diarios en todo el país, cifra que  incluyó, por supuesto, a medios provinciales y municipales. La lectura de libros políticos, de cualquier ideología, era mal vista. Tratar temas como el marxismo tenía muchas veces inconvenientes hasta el punto que Ramón Prieto no pudo ingresar un manual sobre el tema escrito por Jaime María de Mahieu, notorio hombre de derecha.
La tesis que luego adoptaron algunos ideólogos en diversas etapas dictatoriales  era que debía fomentarse la diversión entre los jóvenes, para quienes las farras le resultarían más atractivas que la política. En 1952 se creó la UES, Unión de Estudiantes Secundarios, con escándalos que alcanzaron a las más altas autoridades. Esto agudizó las difíciles relaciones con la Iglesia Católica y en 1954 fue clausurado el diario “El Pueblo”, que respondía a la jerarquía eclesiástica.
Gran parte de las películas sobre la resistencia  europea  y la segunda guerra mundial tampoco pudieron exhibirse, inclusive antes del conflicto. “El Gran Dictador” de Charles Chaplin, no logró ser presentada en pantallas sino por pocos días. Es interesante acotar que el  cómico se arrepintió luego de haber firmado esa película, pero por razones inversas: el tema era demasiado trágico  para  compartirlo como una burla al nazismo.
En esos tiempos el gobierno había puesto en marcha un fabuloso monopolio oficial que incluía a todos los diarios nacionales con excepción de “La Nación”, a la mayoría de los medios del interior y a las emisoras de radio. El único canal de televisión existente entonces, canal 7, pertenecía por supuesto al gobierno. Los directivos de ALEA no consideraban que eso era monopólico ni que la distribución de papel realizada por el gobierno estuviera vinculada directamente a tal asociación. En esa época no pudieron seguir apareciendo diarios de la derecha católica ni de la izquierda socialista, comunista y anarquista (“La Protesta”) ni voceros radicales como, “Provincias Unidas”. Quizás el equivalente de esos tiempos al caso “Clarín” fue en cierto sentido el diario “La Prensa” porque ambos fueron, a su tiempo,  medios que recogían casi la totalidad de los avisos clasificados que pasaron de la publicación  clausurada al diario de Roberto Noble. En enero de 1951 “La Prensa” fue bloqueada por el sindicato de canillitas con el correspondiente apoyo policial. Los trabajadores de ese diario, periodistas, empleados y obreros gráficos, enfrentaron a los supuestos canillitas, lo que costó la vida a Roberto Núñez. No se castigó a los atacantes sino al medio atacado, que fue expropiado por el gobierno.           
Queda un interrogante por hacer: ¿el tema de los monopolios multimedios y de Papel Prensa se hubiera encarado de la misma manera si las comidas entre Kirchner y Magneto no se hubieran suspendido, rompiendo una rutina conocida? ¿Y si Clarín y La Nación hubieran sido oficialistas?  ¿Cuáles habían sido los ruidos molestos de La Vanguardia de haber apoyado a Juan Perón?              

Un artícluo, quizas el último, de Rodoilfo Pandolfi


                                                 El ruido de la lata
                                                                                        Escribe Rodolfo Pandolfi


Un dato político casi sorprendente es la utilización, por parte del gobierno, de técnicas destinadas a avanzar sobre los sectores en que tradicionalmente era minoritario: científicos, protagonistas del espectáculo, músicos, pintores, intelectuales y miembros de la clase media culta. La ofensiva oficialista tiende a fragmentar la oposición y desinteresar al pueblo de los grandes temas que se discuten.
Para los políticos veteranos es curioso encontrar ahora a jóvenes que son partidarios de Cristina Kirchner. Al menos en los centros urbanos, ese territorio político había sido siempre opositor. Al mismo tiempo, la propaganda oficial busca atraer también así a los intelectuales. Contra toda la tradición que salta a la vista, por ejemplo, en los discursos del mismo Juan Domingo Perón, sus partidarios de ahora elijen fragmentos convenientes en sus debates internos.
El doble rasero o selección de indignaciones es un recurso cuya eficacia es incomprensible, pero funciona. Los países que mayor número de personas han torturado, asesinado, hecho desaparecer o utilizado para experimentos biológicos mortales son los mismos que denuncian sin cesar toda violación a los derechos humanos. Esas violaciones son malas cuando la practica la contraparte. Casi no es necesario citar ejemplos en ese sentido.
La estrategia comunicacional de las dictaduras, civiles o militares, se basa fundamentalmente en la discontinuidad. No es una casualidad que los programas de la televisión oficialista parcelen su discurso, lo maticen con humor y eviten que el televidente (o el escucha en el caso de un programa de radio) pueda razonar sobre lo que se dice. Esta técnica, asociada  a la creencia en un enemigo único que maneja todas las críticas al gobierno es, en el fondo la esencia de la estrategia psicológica del totalitarismo light que se utiliza en estos tiempos.
Las torturas físicas se reemplazan por el agobio al pensamiento coherente y la negación del diálogo con la creación de un estereotipo, el enemigo único. A  la vez, la sobrevaluación del factor sorpresa puede inclusive entretener pero no convence a largo plazo.
El tema fue muy estudiado por Max Picard. En su tiempo (finales de la década del 30 y principios del 40) el análisis se centraba necesariamente en la radio. Picard tomó un ejemplo concreto basado en un programa radial alemán: 6 de la mañana; gimnasia; 6 y 10 música ligera; luego, sucesivamente, noticias, lecciones de código Morse (muy difundido en ese tiempo), luego breve reflexión metafísica; enseguida estampas de la vida de un pueblo; a la 10 una pieza de música clásica; enseguida perspectivas del tiempo e impacto del mismo sobre la agricultura; más noticias, sobre todo del ámbito internacional; a las 11 música clásica; luego humor y así hasta el final.
El enemigo fue siempre presentado como  astuto y perverso pero, a la vez, ridículo; los amigos se multiplicaban pero no existía seguridad sobre la lealtad de todos.
Dice Picard: “no contento con ser caótico, ese mundo de la radio produce caos, presenta los hechos sistemáticamente fuera de contexto y anula la relación de unos con otros.
“Se reflotan episodios que aparecen en medio de la niebla del olvido; no hay (en esa estrategia) un mundo exterior que deba ser comprendido, solamente un revoltijo y ninguna mente que lo comprenda porque la mente misma se ha transformado en un revoltijo. En ese tráfico de la radio, el ser humano ni elije  ni examina sus objetos; un mundo liquido y descoyuntado pasa junto a un hombre descoyuntado y nada importa lo que pasa, nadie se interesa por nada, sólo que pasa algo. En esa procesión cualquier cosa puede arrastrase sin ser advertida”.
Picard agrega que a través de la comunicación oficial se genera un enorme vacío donde algo ruge, no se sabe si el bramido surge de los que mandan o de quienes son mandados; se alzan los brazos, no se sabe si para atacar o para defender, si se está con los verdugos o con los ahorcados”.
Los aullidos emitidos no están dirigidos solamente al pueblo sino, sobre todo, a los mismos puntales del poder. “Es como si un pedazo de lata, para probarse a sí mismo que sigue existiendo, estuviese siempre diciendo soy un pedazo roto de lata”.                                                     
            

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