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sábado, abril 30, 2011

El Independent publica mi reseña de "La izquierda reaccionaria"

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Artículo de Miriam Zelaya: sobre el adoctrinamiento en el jardin de infantes

Adoctrinamiento infantil: un crimen institucionalizado


Permítame el lector una pequeña anécdota reciente. Zamira , una amiga cercana cuyo hijo comenzó a asistir hace apenas unos meses a un Jardín de la Infancia, me ha contado muy alarmada que acababa de recibir la orientación de la directora de enseñar a su pequeño, de cuatro años, quiénes son Fidel, Raúl y los “Cinco Héroes”. Escandalizada, Zamira se negó de plano, ante el estupor de la directora que no entendía cómo una madre se oponía a cumplir lo que estaba estipulado. “Me vas a hacer quedar mal con los inspectores”, insistía la educadora; y para convencer a Zamira de que no se trataba de un capricho personal, la buena señora (que lo es realmente) le mostró el programa de enseñanza a los infantes de entre tres y cuatro años de edad, digno émulo del Manifiesto Surrealista, en el que –efectivamente–, consta que el adoctrinamiento es un objetivo de las educadoras para inculcar “valores patrióticos” en chiquillos que solo ayer abrieron sus ojos inocentes al mundo; personitas que abandonan cualquier fila en pos de un juguete, un caramelo o un helado; que no tienen la más remota idea del significado de la palabra patria y cuya mayor ambición personal es jugar y retozar. Pero Zamira no cedió un ápice: “Mira, seño, procura que los inspectores le pregunten a otro niño y no al mío, porque yo pretendo que él sea eso: un niño, y no un ratón del laboratorio político”.

Esto fue en un Jardín de la Infancia de la capital, pero igualmente ocurre a todo lo largo de la Isla. Basta visitar cualquiera de esos centros para percatarse de la presencia de murales llenos de imágenes de los líderes de la revolución, de numerosos difuntos célebres, del yate Granma y hasta escenas violentas del asalto al Cuartel Moncada. Una imagen recurrente es la de los guerrilleros de la Sierra Maestra con los fusiles levantados y rostros fieros, en expresión de alaridos, incitando subliminalmente a la violencia como parte de la cultura revolucionaria. Un verdadero crimen.

El hecho no constituye ni una excepción ni una novedad. Es ampliamente conocido el adoctrinamiento feroz al que se ven sometidos los niños en Cuba desde los primeros años de su vida, tal como lo refrendan los libros de texto de la primaria, incluyendo aquellos manuales con los cuales los alumnos de primer grado, de solo seis años de edad, aprenden a leer.

Lamentablemente, casi ninguna madre tiene el coraje de mi amiga Zamira. Lo común es que los padres toleren en silencio la violencia de la doctrina y la aplicación de los métodos, porque “Total, los niños no saben de eso. Ya en la casa nos encargaremos de que piensen en otras cosas”. Y es entonces cuando se produce un drástico choque de valores en el que los chiquillos reciben el impacto de un doble y controvertido discurso: Fidel Castro y los “Cinco Héroes” por la mañana, en el círculo o en la escuela; Mickey Mouse, Donald y Spiderman en el video, por las tardes, al regresar a casa. No hay que aclarar cuál de los mensajes resulta más atractivo (y más apropiado) para los pequeños. De hecho, en la vida privada todos los niños quieren ser como Ben 10, como Superman o como El Zorro; nunca como el Che. Nadie jamás ha visto a un niño en una fiesta de disfraces particular vestido como el mítico guerrillero argentino, como Camilo o como Fidel Castro. Tales “héroes” no pertenecen al repertorio infantil, sino que solo se usan para cubrir los requerimientos de los espacios oficiales.

Pero simultáneamente, sin que los mayores se lo propongan, están sembrando en sus hijos desde muy pequeños la hipocresía de la doble moral que ha fomentado el sistema, la falsa fe en algo en lo que ellos mismos no creen, propiciando un proceso que el amigo Dagoberto Valdés ha definido como daño antropológico, cuyos nocivos efectos van a sobrevivir por mucho tiempo al régimen que lo generó.

Por mi parte, creo que hasta los sectores contestatarios del país hemos ignorado por demasiado tiempo ese detalle relevante de los derechos de los niños cubanos. Hemos priorizado nuestros derechos a la libertad, a la democracia, a la participación plena en nuestros propios destinos individuales y colectivos; pero hemos descuidado al sector más vulnerable de la sociedad: los niños. Damos por hecho que ofreciendo a nuestros hijos nuestro amor y garantizándoles su alimentación y su bienestar material cumplimos con nuestra parte. Incurrimos así en el mismo error que nuestros padres: dejar al Estado la misión sagrada de educar moral e íntegramente a nuestros hijos, en lugar de hacerlo nosotros mismos, como seamos capaces y como lo elijamos libremente. Prolongamos así, en nuestros niños, la saga de la esclavitud del pensamiento, de la simulación y de la corrupción del espíritu que hemos sufrido nosotros y que tanto condenamos.

Un niño nace con el derecho a que se le eduque, pero es una flagrante violación de sus derechos y de los de la familia sembrar una doctrina ideológica en sus conciencias. Es una deformación atroz de la naturaleza humana y debería denunciarse con la mayor energía, para desterrar definitivamente de la conciencia colectiva la violencia, la sumisión y la mentira que medio siglo de dictadura ha sembrado en los cubanos.

viernes, abril 29, 2011

Libertad Digital me publica

Es la reseña a "Izquierda Reaccionaria" imprescindible libro de Horacio Vázquez- Rial
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Este es el texto:

'La izquierda reaccionaria'
Por Esteban Lijalad

Vázquez-Rial, además de escribir un libro importantísimo, tuvo la genialidad de crear el término izquierda reaccionaria, de extraordinaria fuerza: desmonta –con solo dos palabras– la mitología que iguala Izquierda a Progreso. La Izquierda no es el Progreso, nos dice, sino la reacción más consistente y feroz al proyecto liberal democrático.

Lo más llamativo de este libro es el punto de vista. Si algún pensador conservador hubiera escrito una crítica a la Izquierda, a nadie le llamaría la atención. Casi diríamos que estaría en su naturaleza. Pero cuando alguien proveniente de la Izquierda asume el desgarro que significa quebrar los mitos de juventud y exponer, al fin, las dudas y certezas que lo traspasan, el producto tiene un valor complementario. Sobre todo para los miles de personas que han vivido el mismo proceso.

Venía, como tantos otros, preocupándome por la situación de lo que hasta aquí se ha venido llamando izquierda, por la identidad de día en día más borrosa de ese sector del pensamiento, o del no-pensamiento, con el cual me identifiqué durante largos años, probablemente a falta de algo mejor. Intuía, más que veía, la miseria en la que había caído y seguía cayendo, como en un pozo de fondo remoto, pero no alcanzaba a precisar lo que la violencia de Al Qaeda reveló aquel día y los que le siguieron: que el pozo no tenía fondo y que la decadencia de las nociones que habían alimentado las visiones del mundo en general tenidas por progresistas ya no se iba a detener.

Vázquez-Rial, ya digo, no es el único que ha hecho ese tránsito. Somos miles, ya digo, los que hemos vivido el mismo proceso, aunque quizás de un modo discreto, sin la audacia y la brillantez de Horacio. De algún modo, él mostró el camino.

El punto de ruptura final fue, para él y para tantos, el brutal atentado del 11 de septiembre del 2001. Las sonrisas cómplices, las condenas meramente formales, la idea de que EEUU se lo había buscado, todo eso fue el detonante que muchos necesitamos para decir adiós, definitivamente, a los sueños de la Izquierda.

Lo que siguió al 11 de Setiembre fue un estallido. Una confesión pública de identificación con la barbarie, de repudio a la civilización y al pensamiento como tal, de repugnancia ante lo político, de tolerancia ante el terrorismo, y de cólera frente a la legalidad y la legitimidad de los Estados como marco de garantía de los derechos humanos.

Todo eso, y mucho más, quedó claro el 11 de Septiembre. La sustancia de La izquierda reaccionaria es el relato pormenorizado de ese estallido de irracionalidad: de cómo una hija de Occidente –la izquierda que nació en las jornadas revolucionarias del siglo XVIII– termina matando a su propio padre y se abraza a lo peor: el fundamentalismo religioso, el nacionalismo, la reacción. Es Roger Garaudy convirtiéndose al islamismo; es Carlos, el guerrillero internacional, aplaudiendo a Osama bin Laden. A eso ha llegado la jibarización de la izquierda: del anuncio de un futuro de libertad y justicia a la justificación de la matanza de inocentes.

Las claves de esta decadencia son analizadas por Vázquez-Rial con la sapiencia del arqueólogo, que analiza fragmentos dispersos para rearmar una realidad cultural.

– El reduccionismo de la autodefinición de la Izquierda: vendría a ser todo lo que se oponga la Derecha, un mosaico que abarcaría desde Churchill a Hitler, de Vargas Llosa a Trujillo.

– El abandono de la política democrática, en el sentido de lucha leal por el poder mediante la persuasión del electorado: atajos, golpes de estado, conspiraciones, guerras prolongadas.

– La asunción del nacionalismo como bandera propia, contra la tradición internacionalista de los fundadores.

– Cuba como el gran mito sobreviviente tras la Caída del Muro: "Las gentes de las izquierdas, las que hace cuarenta y dos años depositamos nuestras esperanzas de transformación en la revolución cubana –asumo mi parte–, debieran ser las más críticas, las más interesadas en que esa pesadilla no se prolongue. Si es necesario, reclamando el fin del bloqueo, pero con conciencia de que el final del bloqueo es el final del régimen, el más deseable, el menos sangriento de los finales. Cuba, su Mito, su bandera, es aun levantada por los restos de la izquierda, es una pesadilla (...) solo un cínico redomado puede decir que hay un principio que defender en Cuba, sea que se llame socialismo, sea que se llame igualdad".

– La pérdida de la noción de proceso, esa dinámica de la Historia que lo único que predica es que no hay un fin de la historia, que la Historia no se detuvo en la URSS o en China o en Cuba. La cristalización, el congelamiento de la Historia es una de las claves del fracaso de la Izquierda para comprender la dinámica de lo real.

La pérdida de potencia de fuego político e ideológico tras la desaparición de la URSS se compensa con el apoyo –explícito o soterrado– a la barbarie fanática representada por Bin Laden y su terrorífico atentado contra las Torres. Por interpósita persona, la izquierda (antiamericana, fanáticamente antiamericana, podría decirse) encuentra su nuevo guía. El que sea un líder fundamentalista islámico se considera un detalle menor. Como recoge Horacio, cierta dirigencia izquierdista argentina, a la vanguardia de la alianza Marx-Mahoma, planteó el carácter revolucionario de Osama.

Vicente Zito Lema sostuvo que Osama bin Laden era "un revolucionario", cuya lucha "es parte de la lucha de clases" de "los oprimidos de la humanidad contra el imperio". Lo comparó con José de San Martín, Manuel Belgrano, José G. Artigas [líderes independentistas de Argentina y Uruguay en el siglo XIX], Ernesto Guevara y "mis compañeros caídos en combate".

El Mito ya estaba construido. Y la izquierda es muy eficaz construyendo mitos. Es lo que mejor sabe hacer.

El estupendo capítulo sobre la multiculturalidad trae una síntesis brillante de las similitudes y diferencias de dos tradiciones que han influido en la modernidad: la iluminista (universalista, igualitaria, racional) y la romántica (irracional, particularista, exaltadora de las diferencias nacionales). De un modo muy claro, Vázquez-Rial demuestra que el romanticismo está en la base del antisemitismo:

¿De qué modo la noción de relativismo cultural, o de multiculturalismo, como se ha elegido llamarlo últimamente, está asociada al antisemitismo en particular, por la historia del Romanticismo alemán, y al racismo en general? La negación de la noción de humanidad, y su sustitución por la de un conglomerado de culturas, abre la brecha de la diferencia. Y el racismo no se construye sobre la superioridad o la inferioridad de una determinada raza: eso viene después, en segundo término: lo primero es la diferencia de esa raza respecto de otras. Para aceptar la idea de que los arios son superiores, o la de que los judíos son inferiores, tengo que aceptar primero que son diferentes. Es tan racista afirmar que todos los judíos son malos como afirmar que todos los judíos son buenos. O los árabes, o los chinos, o los sioux, lo mismo da. Al diferenciarlos, los separo de la idea de humanidad.

La izquierda nació bajo el espíritu del iluminismo, pero ha virado hacia el romanticismo: la multiculturalidad, el desprecio de la cultura occidental, la aceptación entusiasta de la diversidad cultural, incluyendo la ablación, el asesinato de adúlteras, la explotación de la mujer, la negativa de los inmigrantes islámicos a aceptar la legalidad democrática europea... Todo en nombre del "respeto por la diversidad cultural".

Nos dice el autor:

Las izquierdas han dejado de ser un proyecto porque ni tienen un modelo de sociedad socialista dignamente defendible, ni se han comprometido con la defensa del único sistema, el occidental, en el que les está permitido vivir.

El abandono de Occidente, de las libertades, de los ideales democráticos –con el pretexto de se habían difuminado merced al imperialismo y el capitalismo salvaje– no hizo más que acercar a la Izquierda a su supuesto antagonista:

Todavía hace falta más distancia, todavía hay adherencias en nuestro espíritu de una sentimentalidad bolchevique, que nos impide a quienes nos formamos en las izquierdas asumir la esencial identidad del comunismo y el fascismo como respuestas revolucionarias paralelas, con un origen común, con una parafernalia común, con una coreografía común, con un lenguaje común, con unos discursos comunes.

Identificar el comunismo y el nazifascismo como las dos caras de una misma moneda antiliberal, para alguien que proviene de la Izquierda, alguien aun adherido a la "sentimentalidad bolchevique", es una "audacia". Sabe que sus amigos lo tildarán de "facho", de irresponsable: buena parte del Mito Soviético se construyó con la "victoria sobre el nazifascismo". Y no es cuestión de derruir mitos.

Vázquez-Rial pone también bajo su lupa la política familiar de la Izquierda actual –muy distinta del puritarismo de los viejos anarquistas del siglo XIX–, la cuestión de la soberanía –ambiguo tema en el que la Izquierda duda entre su inicial internacionalismo y el particularismo de aldea–, la ecología como nuevo mito anticapitalista. Etcétera.

Culmina Horacio afirmando, a modo de síntesis:

La izquierda actual es un síndrome y una mitología. Los síntomas son el antiamericanismo como única filosofía central, la renuncia a las nociones de proceso, de soberanía y de Estado, entre otras, el multiculturalismo –que lleva al proislamismo acrítico y, en consecuencia, a servidumbres políticas e intelectuales perversas–, el antisemitismo, el nacionalismo, la manipulación de la memoria y de la historia, el desconocimiento de la realidad moral de ciertas prácticas, tanto positivas como negativas –la familia o el cultivo de opio–, las consignas que se repiten sin que tengan ya ningún vínculo con la realidad.

No hace falta acordar con todas las afirmaciones de Vázquez-Rial. Eso sería lo contrario de un pensamiento libre e independiente. Algunas tesis que sostiene mueven a la discusión, lo cual es bueno y sano. Solo los fundamentalistas creen en cada palabra del Libro. Los liberales, afortunadamente, tenemos muchas coincidencias y algunas disidencias, porque el liberalismo vive del intercambio, la discusión y el consenso.

sábado, abril 23, 2011

La replica de Horacio González a Vargas Llosa

La réplica de Horacio González al discurso de Vargas Llosa desnuda la lógica “nacional y popular”. Primero, antepone la figura de Scalabrini Ortiz a la de Vargas Llosa para crear , instantáneamente, el contraste entre el Gran Intelectual Nacional y Popular y un brillante pero banal, “intelectual liberal”. (Obviamente no alude a la financiación que Scalabrini Ortiz obtenía de la Embajada Alemana por su prédica neutralista y antiinglesa)

Entonces la oposición entre el Gigante y el Pequeño subyace y contextualiza el texto de González.

¿Qué dice el director de la Bibliotreca Nacional? Que Vargas Llosa es un “encantador de serpientes”, que su bella prosa está dirigida a exponer un discurso liberal

“Porque los verdaderos enemigos de la intolerancia, lo somos porque –nuevamente–, estamos inmersos en la dialéctica del lenguaje, en sus grandes paradojas, y menos en lo que ahora, en Vargas, es la cómoda linealidad de un liberalismo cuya ambigüedad da por descontada.”

O sea: la realidad está en la dialéctica del lenguaje, en la intuición filosófica, que desecha las obviedades de la comprobación empírica de la verdad. Para el intelectual Nacional y Popular lo único digno de hacer es hablar, generar discurso, no lineal, no claro, complejo, paradojal. No hay nada que demostrar para Gonzalez: todo está dicho (“casi todo ya ha sido pensado” afirma en el primer párrafo). Una invitación a dedicarse simplemente a retorizar porque ya todo ha sido pensado por los Scalabrin Ortiz, los Perón, los Galeano.

Hay que escapar de la “cómoda linealidad”: la realidad es dialéctica, no lineal y nadie puede afirmar nada cierto. Es un tema de creencia más que de ciencia.

Termina González rindiendole homenaje a Vargas Llosa: “ su condición de hombre de derecha la da menos su vieja problemática literaria impregnada de una chispa que sin duda no ha cesado –pues piensa como un ironista liberal puro–, que su falso candor, repleto de ardides. Los ha mostrado, “encantadoramente”, en su discurso de la Feria. Y en verdad es encantador, hasta que el peso de la historia una y otra vez pone pesadas comillas en esta frase, sin abandonarla”.

Como González administra “el peso de la historia” sabe que Vargas Llosa es un mal ejemplo, que no habría que invitar a la Feria del Libro. Solo le queda la “chicana” de sus contactos politicos con opositores al Proyecto K.

Pobre lo de Horacio González, un intelectual orgánico del kirchnerismo que desde su atalaya de la Biblioteca Nacional aprueba o reprueba y define quien tiene derecho de hablar.

viernes, abril 15, 2011

Un artículo esclarecedor de Rodolfo Pandolfi

Los diarios y el poder
Escribe Rodolfo Pandolfi

Un dato curioso es que la clausura de diarios, revistas, radioemisoras y estaciones de televisión no se realizó casi nunca invocando desde el primer momento razones ideológicas. El cierre de la revista Qué como castigo por publicar en su tapa la fotografía de una actriz entonces prohibida, Libertad Lamarque, tuvo su origen en razones estrictamente personales pero se invocaron cuestiones relativas al sistema de distribución del medio.
El semanario “La Vanguardia”, fundado por Juan B Justo, era el órgano oficial del Partido Socialista y fue clausurado definitivamente el 27 de agosto de 1947, a las 11:20 de la mañana, con el argumento que la carga de ejemplares en los camiones producía un ruido que molestaba a los vecinos. El local donde se editaba, ya cerrado definitivamente, fue incendiado cinco años después, o sea en 1952. Se impidió la venta de semanarios católicos opositores como “Estrada” y se castigó también al diario alemán “Argentinisches Tageblatt”.
En este último caso, la sanción consistió en obligarlo a aparecer con solamente cuatro páginas mediante el argumento que era necesario ahorrar papel. En ese tiempo también se prohibieron numerosos libros como “El Muro” del filósofo francés Jean Paul Sartre aduciendo que contenía relatos pornográficos. Esos relatos se incluirían hoy en cuentos para niños. Fueron castigadas numerosas publicaciones económicas como el “Economic Survey” y “La Semana Financiera”.
Una época muy dura para los medios fue 1950, al cumplirse el centenario de la muerte del general José de San Martín. Por omitir mencionar al prócer fueron cerradas las publicaciones comunistas “La Hora” y “Orientación”, pese a que esta última había dedicado un suplemento completo al aniversario. La omisión, verdadera o falsa, del nombre del libertador costó la vida a más de ciento cincuenta diarios en todo el país, cifra que incluyó, por supuesto, a medios provinciales y municipales. La lectura de libros políticos, de cualquier ideología, era mal vista. Tratar temas como el marxismo tenía muchas veces inconvenientes hasta el punto que Ramón Prieto no pudo ingresar un manual sobre el tema escrito por Jaime María de Mahieu, notorio hombre de derecha.
La tesis que luego adoptaron algunos ideólogos en diversas etapas dictatoriales era que debía fomentarse la diversión entre los jóvenes, para quienes las farras le resultarían más atractivas que la política. En 1952 se creó la UES, Unión de Estudiantes Secundarios, con escándalos que alcanzaron a las más altas autoridades. Esto agudizó las difíciles relaciones con la Iglesia Católica y en 1954 fue clausurado el diario “El Pueblo”, que respondía a la jerarquía eclesiástica.
Gran parte de las películas sobre la resistencia europea y la segunda guerra mundial tampoco pudieron exhibirse, inclusive antes del conflicto. “El Gran Dictador” de Charles Chaplin, no logró ser presentada en pantallas sino por pocos días. Es interesante acotar que el cómico se arrepintió luego de haber firmado esa película, pero por razones inversas: el tema era demasiado trágico para compartirlo como una burla al nazismo.
En esos tiempos el gobierno había puesto en marcha un fabuloso monopolio oficial que incluía a todos los diarios nacionales con excepción de “La Nación”, a la mayoría de los medios del interior y a las emisoras de radio. El único canal de televisión existente entonces, canal 7, pertenecía por supuesto al gobierno. Los directivos de ALEA no consideraban que eso era monopólico ni que la distribución de papel realizada por el gobierno estuviera vinculada directamente a tal asociación. En esa época no pudieron seguir apareciendo diarios de la derecha católica ni de la izquierda socialista, comunista y anarquista (“La Protesta”) ni voceros radicales como, “Provincias Unidas”. Quizás el equivalente de esos tiempos al caso “Clarín” fue en cierto sentido el diario “La Prensa” porque ambos fueron, a su tiempo, medios que recogían casi la totalidad de los avisos clasificados que pasaron de la publicación clausurada al diario de Roberto Noble. En enero de 1951 “La Prensa” fue bloqueada por el sindicato de canillitas con el correspondiente apoyo policial. Los trabajadores de ese diario, periodistas, empleados y obreros gráficos, enfrentaron a los supuestos canillitas, lo que costó la vida a Roberto Núñez. No se castigó a los atacantes sino al medio atacado, que fue expropiado por el gobierno.
Queda un interrogante por hacer: ¿el tema de los monopolios multimedios y de Papel Prensa se hubiera encarado de la misma manera si las comidas entre Kirchner y Magneto no se hubieran suspendido, rompiendo una rutina conocida? ¿Y si Clarín y La Nación hubieran sido oficialistas? ¿Cuáles habían sido los ruidos molestos de La Vanguardia de haber apoyado a Juan Perón?

jueves, abril 14, 2011

Los ingenieros sociales

La vida es impredecible. Menos para los políticos. La gente normal sabe que los eventos futuros tienen solo distinto grado de incertidumbre. Como dice Von Mises, si el equipo azul ha ganado los 9 partidos que jugó contra el amarillo, hay una estimación de mayor probabilidad de que se vuelva a dar ese resultado. Pero eso no es certeza. No debe confundirse, nos dice, la probabilidad de clase con la probabilidad de caso. Sabemos que la mortalidad infantil en determinada provincia es del 15%. Pero para cada recién nacido allí no se puede estimar en absoluto si vivirá o morirá. No se puede asegurar que el azul le ganará al amarillo.
Esta incertidumbre de lo social es el enemigo natural del político y del gobernante. Ellos necesitan certezas. Para ellos más Poder significa disminución de esa incertidumbre, para eso trabajan. Imaginan que cuantas más variables manejen, cuanto más factores controlen disminuirán los “grados de libertad” del votante
Así, cuando gobiernan tratan de hacerse con el control de la economía y de las ideas. Suponen que controlando, digamos, el 60% de la Economía podrán eliminar la incertidumbre sobre el futuro. Y si también dominan el 60% de la información pública, de la industria cultural, se aseguran el control de los deseos y pensamientos de los ciudadanos.
Eso es exactamente lo que los dictadores pretenden siempre: hacerse de la economía y la información para determinar los resultados de su política.
Obviamente, esta concepción implica una determinada teoría de la acción social. Si se cree que “el bolsillo es la víscera más sensible del hombre” se actuará en consecuencia, “redistribuyendo” recursos hacia el hombre-voto, para asegurarse la supervivencia electoral del “proyecto”.
Por lo general esas teorías son esquemáticas y fraudulentas. Desconocen que hay un fondo de libertad de elección, aun entre los esclavos, que torna imposible la dominación perfecta. Por eso, a la larga (a veces a la “demasiado” larga) estos ingenieros sociales fracasan. La ingeniería es buena para construir puentes, para trabajar con materia. Pero la “ingeniería social” fracasa al querer transformar a los hombres en objetos físicos, fácilmente manipulables. Termina Von Mises:

La voluntad del ingeniero social habría de suplant r la libre volición
de aquellas múlt iples personas que piensa utilizar para edificar
su utopía. La humani ad se dividiría en dos clases: el dictador
omnipote te, de un lado, y, de otro, los tutelados, reducidos
a Ia condición de simples engranajes. El ingeniero social,
impla tado su programa, no tendría , evidentemente, que molestarse
intentando comprender la actuación ajena. Gozaría de
plena libertad para manejar a las gentes como el técnico cuando
manipula el hierro o la madera.
Pero, en el mundo real, el hombre, al actuar , se enfrenta
con el hecho de que hay semejantes , los cuales, al igual que él,
operan por sí y para sí. La necesidad de acomodar la propia
actuación a la de terceros concede al sujeto investidura de especulador.
Su éxito o fracaso dependerá de la mayor o menor
habilidad que tenga para prever el futuro. Toda inversión viene
a ser una especulación. En el marco del humano actuar nunca
hay estabilidad ni, por consiguiente, seguridad.


Posiblemente esto explique, hablando del aquí y ahora, la obsesiva dedicación del Gobierno para controlar cada átomo de la realidad política.La desmesura de este intento afecta la salud mental o física de sus líderes- humanos, simplemente humanos- y cada día observamos con preocupación el incremento del grado de separación de la realidad, del fracaso de la teoría implícita que sustenta este proyecto y el final que le acaecerá por simplificar la realidad compleja de la conducta humana.

martes, abril 12, 2011

Los testigos del peronismo real

Sabemos que hay un peronismo real y una Utopía Peronista, así como hay un socialismo real y una Utopía Socialista.
Lo raro del peronismo es que la Utopia Peronista fue un producto posterior a su caída. En cambio la utopía socialista se maceró durante un siglo antes de desembocar en el socialismo real de la URSS. A su caída, esa Utopía tuvo que reinventarse. Ahora aparece en los restos del naufragio, mezclada con islamismo, indigenismo, nacionalismo, ecología, feminismo. Da pena.
Durante la construcción de la Utopía Peronista aun estaban vivos los testigos del desarreglo peronista de 1943 a 1955. Y podían dar testimonio del peronismo real, no el fantaseado por los constructores de narrativas. Yo conocí al Mayor Alberte, delegado de Perón y referente de la Tendencia Revolucionaria. Me confesó que los “diez años” del peronismo no fueron idílicos , ni mucho menos, pero que había que unir al campo popular tras ese relato falso. Pero esos testimonios se hacían en privado Para el afuera había que gritar “Viva Perón!” . Alberte fue asesinado en la noche del 24 de marzo de 1976.
Por suerte conozco a alguno de los testigos de esa época, pocos y muy calificados. Rodolfo Pandolfi es uno de ellos. Tengo pensado entrevistarlo para obtener su testimonio: esas historias pequeñas que solo las narran los testigos vivientes, no los grandes libros de historia. Por ejemplo, la persecución a los homosexuales en tiempos de Perón. O el cierre de los diarios de izquierda. O la cárcel que le tocó como militante radical.
Hoy ese pasado es mítico, falseado u ocultado por razones políticas. Se idolatra a Perón como Héroe y nuestros jóvenes, que ni siquiera vivieron la comedia peronista de 1973, leen esas leyendas y las creen . Creen que el Hada Buena Eva dio su vida por los pobres y que años después unos muchachos idealistas acabaron con la dictatura y lo trajeron a Perón El Viejo a su Plaza.
Es hora de volver a contar la verdadera historia del peronismo real.
O al menos, las historias mínimas que los testigos aun recuerdan y quieren contar. Ese intento me propongo realizar.

Libertad Digital me publica " No tener miedo al chantaje"

Esteban Lijalad - No tener miedo al chantaje - Exteriores

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